La merecida destrucción de la nación de San Pinocho

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Fricciones sacrifica el nacionalismo chileno nublado de mediocridad, sustentado en años de explotación y prostitución, sometiéndolo a realidades donde la destrucción y el absurdo es ineludible, correspondiendo a una abstracción convincente de un mundo actual deformado y mancillado por la polifagia.

Ajena a la reverberación de la mediocre ciencia ficción local, ucrónica y (pos)apocalíptica, Fricciones (2016) propone una revoltosa muestra de ambientaciones distópicas y miserables.

Compuesta de nueve relatos, el primer libro de Gabriel Saldías se construye alrededor de cuestionamientos que superan el binarismo político. A través de narraciones rugosas, ásperas y caliginosas, se urden breves lienzos alegóricos que presentan, mediante un futurismo cotidiano, expresiones tecnocostumbristas que adornan la tragedia e injusticia universal.

La ironía, la metáfora y la aceleración son factores identificables que permiten explorar los fenómenos particulares de una humanidad aprovechadora, rendida ante el abuso, embadurnada de chilenidad, carente de razonamiento, pero no así de memoria.

Con un enfoque crítico y destructivo, la antología adelanta el ocaso de una conciencia social y el alzamiento de una memoria alimentada de idolatría y misticismo. Así, el sufrimiento y la injusticia vivida por los mártires se pierde entre el rabioso ruido de una estética de la Memoria, nublada por la voracidad del presente.

“Pero nosotros no, cada día mejores, ya nos ves, con los mismos ojos entornados con los que salimos del subsuelo. Y tenemos para largo, te lo digo, porque San Pinocho nos regaló la vida eterna y pareciera que solo el museo y sus fotografías sepia envejecen”.

Por su parte, el título adelanta una experiencia escabrosa, a ratos desagradable, a veces cursi y pasada de moda, pero ingeniosa e intensa tanto en su estructuración como en la particularidad ofrecida por cada cuento, lo que permite al lector insaciable e inconformista, seguir las señales que orbitan la búsqueda de la comprensión de la miseria universal ligada al devenir homo chilensis.

Los relatos presentan acertijos y dilemas que difícilmente pueden ser ignorados por los cuerpos territorializados en Chile, debido a las pícaras alusiones políticas y culturales que constantemente se entretejen en fabulaciones científicas o representaciones apocalípticas.

En su mayoría, estos relatos proponen consecuencias especulativas del avance de la tecnología en ambientes chilenos y latinoamericanos, adornados con referencias tanto a la biografía de los explotadores como a la de los payasos. Todo esto, con un estilo irónico que subvierte la solemnidad de los emblemas patrios, remece el hábito familiar y desplaza al lector lejos de las discusiones sobre izquierdas y derechas; síes y noes; treces y sietes:

En Santiago del correcto extremo, se tensiona la persistencia del recuerdo y el devalúo de la memoria como moneda de cambio. Es un ejercicio que encara el desgaste de la cosmología chilena, apuntando a la distancia entre el presente y el sufrimiento primigenio, a la carencia del fuego revolucionario y al olvido del dolor. Juega con ídolos peligrosos, que hoy son significantes vacíos, encerrados en un ciclo de repetición, rememoración y recuerdo.

En Champion Latinoamericano se explora un mundo en que la ruleta rusa se constituye como deporte masivo. Asumiendo márgenes de violencia dilatados por la insensibilidad del consumo, el brillo de la vida única e irrepetible se pierde en el tumulto despersonalizado de cuerpos que encuentran placer en las increíbles hazañas del campeón.

Malo de fábrica da vida a un robot punky llamado Jhonny (en referencia al podrido) en una imaginería a tono con la cultura-basura gringa de ciencia ficción ochentera, resultando un ejercicio especulativo, anterior al esparcimiento de las inteligencias artificiales, que cuestiona el deseo legítimo de revolución en contraste a los elementos estéticos que representan la Revolución.

Memento Mori, a través de un elucubrado suspenso, propone una historia de venganza, ligada a los crímenes y torturas de la dictadura militar chilena, con un desenlace que propone un escenario distópico cyberpunk

Mañana hablamos, cierra esta antología con el principio del final, en una humanidad resignada y asumida en su extinción. En este escenario, un niño encuentra el espacio para declarar su amor en momentos previos al apocalipsis.

En Fricciones, el óxido y las heces se saborean en el ambiente. Ideas extrañas, conexiones, resultados y redenciones, caracterizan dioramas, quizás, más inmanentes que las ficciones que se vienen bordando en la virtualidad de la creación literaria. El absurdo es la clave para jugar en paz entre los maceteros, jardineras y cajas de arena que propone Fricciones: lo absurdo de la realidad real, inasible al habitante-planetario-extraño-en-su-cuerpo, puede ser descodificado en ejemplos exagerados y bromas generacionales.

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