Los peligros de mascarse a sí mismo

derma

La historia del mundo es el matadero del mundo, dice un célebre aforismo hegeliano: y de la literatura, agrego. La mayoría de los libros desaparecen para siempre…

Franco Moretti

Cualquiera que desee envestirse de sepulturero de la literatura chilena publicada en este siglo la tendría bastante fácil. Más de un centenar de librerías de ocasión terminan ofreciendo el remate del remate de aquellos códices que nadie busca, los que probablemente nadie quiso. Libros comprados por amigos y familiares a ingenuos escritores: manoseados, puestos a un lado, apolillados y derruidos en el polvo. 

Lo más llamativo del reciente matadero de la literatura nacional implica recorrer sus marcas: dedicatorias, boletos de buses, fotografías, hasta cabello y así.

El dermatófago de Hatu pertenece a esta indescifrable cantidad abrumadora y tediosa de una literatura formada por cadáveres achoclonados, apilada por otrora espectros editoriales. Un libro del que pude obtener una bella y misteriosa copia, del cual su mismo protagonista profetiza:

Con el tiempo, será una publicación más al montón, escondida u olvidada por libreros porque la cultura y sus gráficos serán otros. Sin poder ser mondo por vanidad, es superfluo en sus apreciaciones. Estamos cansados de la narrativa que, en su máximo logro, olvidando sentidos y poesía es, contar una historia (…) Pillet lo intenta y fracasa vergonzosamente (193). 

Lo narra Esteban Pillet, un joven rancagüino de veintitantos que relata su cotidianidad a la usanza de un diario o cuaderno. Reuniones con amigos para charlar de anime o discutir sobre juegos de rol. Fracasan en sus intentos por hacer manga, fanfics y cualquier cosa que se propongan. 

Una escritura meticulosa, anacrónica, pero con diálogos coloquiales. Un manuscrito acompañado, por si no faltase algo, de notas al pie de página, con un prólogo y cierre como partes también de la novela que reflexionan a nivel del metatexto sobre los escritos de Pillet. Frente a esta mezcla de registros se exploran temas irrelevantes para la construcción de una historia, donde la única trama interesante es aquella resguardada con diligencia por el propio autor. Una chica le encarga a Pillet que revise el diario de su amiga fallecida, pero no se convierte en una meta clara. Para Pillet, escribir es tan necesario y naturalmente poco significativo como respirar. 

-Si usted, dígame, ¿de qué escribe?

-Nada.

-¿Pero cómo? Con ligereza atenta cuestiona.

-Escribo sobre nada. (87)

El Dermatófago no puede ser localizado en internet, no es fácil hallar fotografías, tuvo nula recepción crítica y solo fue comentado en textos autorreferenciales sobre la escena artística chilena influenciada por el anime. En la portada se aprecia una chica sentada en mitad de la calle, sin rostro ni identidad, vestida con un distinguido sailor fuku. Podría ser una japonesa o una escolar chilena en su primer cosplay. Junto a sus amistades, Pillet alude con insistencia al bagaje cultural de su generación. En la madrugada cantan endings sin miedo a la cursilería sobrepensando el argumento de Madoka o Sakura Card Captor.  

Nunca antes había sucedido que la intervención e influencia cultural calara de tal forma e intensidad en las generaciones más jóvenes, en pequeños, infancias y adolescentes. Porque las series, a pesar de tener carencias -muy serias- de diseño o dirección, lograban mucho en nuestra educación de afectos porque se atrevían. (152). 

Sin duda es un libro extraño. Con editorial desaparecida. Sin fecha.  ISBN incorrecto. 

A pesar de todo, es quizá el mejor libro que se ha escrito sobre una generación específica en Chile e Hispanoamérica. “Crecimos en infancias de curso errático” (98), menciona con propiedad. Televisión e internet. Fracaso y desilusión. 

Es destacable el hecho de que evada, por fin, la somera comprensión de las juventudes de una época que todavía se comprende bajo la televisiva noción de tribu urbana. Aquellos jóvenes alimentados por series japonesas y foros de internet prendados de donde fuese y lo que fuese. Así, Jung o Hegel le permiten entender la realidad o expresar una condición estética a Pillet al igual que Digimon o Utena. ¿Qué rescatar de todo ello? ¿Cómo interpretarlo? 

-Hay cachao que nuestras series favoritas representan un poco nuestras tragedias personales?

-¿No era como obvio?

-No para todos (163)

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