¿Qué vas a hacer cuando las olas atraviesen tu pared?
Cuando no haya un nuevo sitio para ir a recorrer.
Vagando entre árboles, computadores y bicicletas.
Medio Hermano
Con respecto al conjunto de obras relacionadas (de buena fe) a lo que cotidianamente se puede denominar distópico o postapocalíptico, es necesario destacar, y si es posible estacar, un título que circula hace más de veinte años en el universo: PLOP (2004), una novela terrorífica de Rafael Pinedo que, sin advertencia, permite al lector inmiscuir la mirada por un Glory Hole y tantear una idea de lo que no se pue/de/be ver: escenas breves y secantes, donde cuerpos y residuos de cultura se cortan/rasgan, pegan/empalman y, se desplazan, desterritorializándose, entre meras llamaradas que aún alumbran un plano espaciotemporal suspendido, condenado a la repetición y la descomposición.
Comienza con un nacimiento: Plop, un sobreviviente marginado, usado y convertido en guerrero, pero, detrás de su biografía, funciona una simulación lúcida y peligrosa. Sin reducir el potencial de PLOP a las extremas peripecias que recorre su protagonista, es necesario destacar, además, el suntuoso ecosistema que sostiene su andar. Plop sobrevive en un mundo alejado del control/descontrol Estatal. Sin ciudades, sin carreteras, sin vehículos y sin culpas antiguas. Los habitantes que se desplazan en este espacio derruido por el clima hostil se mueven por un planeta agotado y consumido: un pedazo de corteza liquidado, sin rastros de remisión. Una Gea muerta, seca y suspendida, cuyo proceso de descomposición es protagonizado por los últimos humanos/gusanos.
Es una novela que amenaza y puncetea, proponiendo ejemplos de comportamiento cruel y desbordado, entre cuerpos que no habitan el lenguaje de manera moderna. Frente a esto, la novela de Pinedo resulta un punto corrido en el tejido de obras postapocalípticas y, en términos afectivos, dialoga con funcionalidades o tensiones universales identificables en videojuegos como Fallout New Vegas (2010), The Last of Us (2013), Kenshi (2016) o, incluso, Death Stranding (2019), ya que, estos títulos, proponen al jugador un imaginario complejo sobre un presente post-colapso-derrumbe con una variedad de dimensiones estéticas o discursivas, significando espacios que se re-transitan o re-juegan. Pese a que son ejemplos dignos de repetir por la intensidad de la siniestra forma con que se tiende a representar el devenir-humano/animal, PLOP, desde una dimensión humilde, sobresale entre la grotesca constelación de títulos, sodomizando el enredo de obras consideradas postapocalípticas y, logrando mostrar, un adelanto creíble de lo que podría suceder después del punto sin retorno (o sin esperanza), en un contexto de extinción, tanto de la cultura de la cultura como de la especie.
PLOP, a través de su lenguaje contenido, evoca tabúes y extrema el comportamiento humano en un universo sin edificaciones. De forma directa y desesperanzada, dialoga con intensidades encontradas en otras obras o medios intermediales. El miedo, el caos, la desprotección de la familia, el ultraje de la pulcritud que se aprecian en películas como Mad Max (1981), The Road (2006) o The Book of Eli (2010) que, pese a su complejidad y crueldad, pueden no ser tan extremas como el miedo a la desprotección que evoca Rarita, un personaje femenino de la novela que sobrevive en un entorno tribal acostumbrado a usar sexualmente cuerpos de diferentes edades, en público y sin pudor, aunque con sus propios tabúes. Incluso desde la pintura, quizá, la voracidad mezquina del canibalismo de Saturno que se imagina en la pintura de Goya no resulta un ejemplo tan deleznable como la forma en que cuerpos consumen otros cuerpos o residuos en la novela de Pinedo.
En este caso, resulta una fortaleza que PLOP empuje los límites del extrañamiento con sus representaciones de la crueldad humana: su intensidad atraviesa el orden mental y la plenitud, resultando una experiencia que permite orbitar reflexiones en torno a lo que sucede y podría suceder. Una obra como PLOP, circula latente: sus movimientos, desplazamientos, desterritorializaciones y reterritorializaciones se cristalizan e iteran en la autobiografía del humano. Aflora el sometimiento, la burla, el traspaso, el desborde, la yuxtaposición o el entrecruce de límites y/o propiedades.
En la actualidad, dependiendo del sector o del habitante, la intensidad de lo que se puede imaginar respecto a lo que hay después de ese colapso puede variar: Extinciones, totalitarismos, viajes interplanetarios, vida alienígena, deshumanizaciones y/o devenir cyborg, pero, desde PLOP, se elabora un imaginario que supera cualquier esperanza o lujosa divagación, ya que, en sus límites no existe espacio para elaborar un futuro desde el pensamiento y, tampoco, es posible recrear una trascendencia más o menos conveniente para una civilización porque la cultura desde la que el /yo/ imagina el planeta devastado, no es una cultura que se manifieste en el espacio yermo en que sucede la novela. Lo que se manifiesta en esas ruinas, entre esa podredumbre artificial y vacua, es el cuerpo y su necesidad a través de un relato repleto de imágenes que (des)colocan o dis(locan) la confortable sensación de estabilidad que persigue el cuerpo en su escapismo. Las redes sociales vehiculan, repiten y recrean escenas de aconteceres que fortalecen la mirada del habitante planetario. Manifestaciones, accidentes, muertes y ensamblajes de cuerpos, entre muchas otras expresiones, recuerdan que el organismo siempre está en peligro, pero, ¿realmente logran dislocar la subjetividad al punto activar el miedo a lo que posiblemente vendrá después de un colapso sin retorno?
PLOP es un título molesto que estremece cualquier rutina e inunda de miedo el porvenir. Entre el barro de sus páginas y los artefactos desconocidos que adornan el mapa, advierte sobre, ¿qué esperar cuando no exista civilización capitalista globalizada que mantenga un cosmos material? En este sentido, en la novela, se encuentra un ecosistema interesante que simula de forma lúcida un flujo del devenir que no acerca al lector a una reflexión sobre el retorno a la naturaleza, sino más bien, lo arroja a un mundo donde la naturaleza fue mancillada y no propicia condiciones para que el humano comience otra vez a erigir un imperio de significantes que ponga en funcionamiento la supervivencia mediante la persecución de lo infinito.
/¿imaginas el mundo cien años después del derrumbe?/
Cadenas de acontecimientos que desembocan crisis y el colapso del mundo civilizado es la inevitable explicación lógica que permite justificar lo que antecede al ecosistema realista que Rafael Pinedo logra poner en funcionamiento utilizando:
CUERPOS
RESIDUOS
RECICLAJES
Llueve constantemente.
Barro, metales, trapos, plásticos y cuerpos son los materiales esenciales para la supervivencia de los cuerpos impregnados de plásticos, trapos, metales y barro.
El agua que toca el suelo no puede ser consumida de ninguna manera. Solo se bebe agua de lluvia.
Los animales son peligrosos y difíciles de mantener domesticados. Ratas, perros, gatos y humanos amenazan con reducir las organizaciones nómadas.
Los cuerpos se desplazan con una voluntad automática de supervivencia que rehúye de la extinción. No se encuentra noción de higiene y autocontrol, no es necesaria la alfabetización y su cultura, los cuerpos humanos se comunican con el cuerpo mismo, impulsados por un deseo destapado que fluye liso entre las ruinas y se encaja con otros cuerpos.
SENTENCIA
Es un libro que debe ser enfrentado con coraje. Es agresivo, apuñala en el esternón, degüella o simplemente apunta a la cabeza con un arco. Increpa con cada palabra, cada párrafo escueto, cada capítulo breve mediante un ecosistema repulsivo que cree transportar los últimos resquicios de humanidad. Por lo mismo, avanzar en sus páginas es una responsabilidad que se paga caro, simplemente porque la letra no entra de la misma forma que la imagen y la sensación: leer e imaginar este mundo repulsivo no es lo mismo que verlo en Mad Max o Hokuto no Ken, o jugarlo en Fallout o Last of Us. Leer con atención PLOP de Pinedo recrea en la mente escenas, contactos, bailes o rituales que afloran de forma peculiar de palabras tan indefensas como /placenta/albino/rarita/reciclar/ o /usar/.
